jueves, 26 de junio de 2008

Ensayo

Todo empieza con un cuento de hadas
“Uno no es por lo que escribe, sino por lo que lee”
Jorge Luis Borges

A medida que uno se interna en el mundo de la escritura y la practica regularmente, reconoce entre los rasgos las distintas vertientes de lectura que lo acompañaron desde la infancia. No hay escritor que no reconozca la influencia de otro o varios escritores en su obra.
J.R.R.Tolkien en su ensayo “Sobre el cuento de hadas” dice: Fantasía es una tierra peligrosa, con trampas para los incautos y mazmorras para los temerarios. Y de temerario se me puede tildar, porque, aunque he sido un aficionado a tales cuentos desde que aprendí a leer y en ocasiones les he dedicado mis lucubraciones, no los he estudiado, en cambio, como profesional. Apenas si en esa tierra he sido algo más que un explorador sin rumbo (o un intruso), lleno de asombro, pero no de preparación. El autor nos esta explicando su pasión por la lectura de este género, que luego lo tendría como uno de sus principales exponentes. Tolkien no solo escribió dentro de un mundo de fantasía, sino que es allí donde se sentía más cómodo.
Dentro del universo en el que se gesta la escritura, el “big bang” lo genera lo que leemos en nuestra infancia. Luego de la escolarización, en la etapa de lectura obligada, esta se ve afectada o nutrida por textos que nos son impuestos por las instituciones educativas. En un texto de Ítalo Calvino “Por qué leer a los clásicos” , el autor hace un punteo a través del cual explica la necesidad de la lectura en los primeros años de nuestra vida. Dice: Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual. Partiendo de esta aseveración podemos intuir que el hecho de leer influye de manera primordial en el acto de escribir. Esto no quiere decir que todo el que lee mucho se convertirá en un gran escritor, solo lo que nos demuestra es que una persona no puede escribir de la nada.
A lo largo de esta materia el ejercicio de la lectura siempre precedió al de la escritura, permitiendo a los alumnos adquirir un conocimiento básico pero suficiente para la elaboración de textos dentro de un género. Obviamente lo que se puede leer y escribir en un período de tiempo tan corto es ínfimo en relación al ejercicio que tenían autores como Rodolfo Walsh, Truman Capote, Raymond Carver, y otros. De esta misma manera es como se va dando el proceso a lo largo de la vida del escritor.
Las lecturas aportan tanto ideas como críticas dentro del proceso de escritura de una persona. El mismo ejercicio de lectura se va alterando a lo largo de la acumulación de títulos en nuestra biblioteca. Pero siempre hay un libro amado, ese que al ponerlo sobre una mesa sus tapas se abren solas dejando alguna pagina a la luz. Con tapas ajadas y puntas redondeadas, este libro nos acompaña siempre. Tal vez personajes de ficción o aventuras para recordar. Inspiran cada paso de la Escritura. Ítalo Calvino dice “Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él” .
A lo largo de nuestra vida el tipo de lectura que preferimos va cambiando, pero no así nuestra escritura. El ejercicio de la escritura se da desde muy jóvenes en muchos casos, este es el de Tuman Capote, quien en el prefacio de música para camaleones dice Empecé a escribir cuando tenía ocho años: de improviso, sin inspirarme en ejemplo alguno. No conocía a nadie que escribiese y a poca gente que leyese. Pero el caso era que solo me interesaban cuatro cosas: leer libros, ir al cine, bailar zapateado y hacer dibujos. Entonces, un día comencé a escribir, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse.
Hay gente que lee y no escribe pero no es común escuchar de alguien que escriba y no tenga como habito la lectura. Ahora, ¿por qué es necesario tener un cierto bagaje de lectura para poder escribir? Desde mi punto de vista, para aventurarse en el viaje de la escritura es imprescindible un corpus inicial. Dentro de este se encuentra no solo el vocabulario sino, lo que es primordial que es la técnica. A los escritores se los cataloga por género, aunque hay varios que dentro de la exploración y el ejercicio de la escritura logran abarcar varios géneros.
Comenzar a leer desde chico plantea un nexo con la imaginación que libro tras libro se va fortaleciendo. En general nuestro punto de partida dentro de la lectura son los cuentos de hadas. Estas historias transmitidas en un principio de manera oral y luego compiladas en libros, permite a los niños ingresar no sólo en el mundo de la fantasía sino que siempre se encuentran acompañados por algún tipo de enseñanza. Aprendemos, de esta manera, valores, reglas, advertencias, etc. Escalones básicos para la vida.
Luego y mientras nos internamos en el mundo escolarizado comenzamos a experimentar con las lecturas obligadas, a veces mechadas con algún texto que nos llega de manos de algún familiar o compañero. Y es aquí que, a mi parecer, se comienza a formar el lector en nosotros. Es cuando nos llega a las manos ese libro único, el que nos da vuelta la cabeza, y de ahí en mas seguiremos al autor y al género. Después mientras avanzamos en nuestra vida la lectura se torna tanto selectiva como experimental, permitiéndonos de esta manera enriquecer nuestra experiencia lectora.
Tal vez el proceso hacia la escritura sea un poco mas complicado, primero y principal debemos llegar a un punto dentro de la escolarización que nos permita elaborar un texto coherente. Luego de adquirir la capacidad de escribir, los factores que intervienen en el proceso de escritura dependen de situaciones a veces ajenas al escritor mismo. En su ensayo “Fuegos”, Raymond Carver, relata como su necesidad por escribir se ve frustrada o interrumpida por las dificultades de la vida cotidiana. Truman Capote nos explica en el prefacio de música para camaleones, como la escritura debe ser tomada como un ejercicio diario. Hay que ejercitarla hasta llegar a estar conforme con lo que uno escribe. A veces vale la pena releer algunos escritos abandonados y tal vez algunos textos haya que madurarlos.
Durante la cursada el ejercicio de lectura / escritura, se vio dentro de un equilibrio que la mayoría de las veces se encontraba forzado por los plazos de entrega de los trabajos prácticos. Dentro de un ambiente ideal el proceso de escritura requiere de una maduración. Tal vez hoy, releyendo algunos de mis escritos me encuentro con que podría haberlos mejorado mucho, con más no sea una pequeña pulida más.
El ejercicio de la escritura también libera, a veces, esos pequeños deseos que se encuentran en lo más profundo de nuestro ser. Es así como a través de un cuento un escritor puede vivir una aventura en un país muy lejano. La posibilidad de trascender las fronteras con el solo uso de la palabra genera un nexo entre el escritor y el lector, el cual se renueva cada vez que se relee el texto. Estos nexos son huellas que dejan en nosotros lectores cada libro, cada historia, cada relato.
La lectura y la escritura no solo nos permiten trascender fronteras, mundos o universos sino que permite el ejercicio de la crítica. El pensamiento crítico de un lector se forma a partir de la constante instrucción en los distintos géneros. Uno no puede criticar si no es a partir de un conocimiento básico del tema. Y es aquí donde el tema de la escritura se complejiza, ya que muchos lectores suelen ser muy críticos respecto a sus trabajos, interponiéndose así una barrera en la actividad.
Cuando uno lee y lo hace por mucho tiempo, en algún momento tiene la necesidad de escribir, ya sea para uno o para otros, eso depende de la seguridad con la que cuenta un autor. Pero lo que es indiscutible es que todo lo que leemos en algún punto comienza a hervir y querer salir en un torrente de palabras que inundan una hoja con arabescos de tinta.
Ezpeleta, junio 2008